jueves, 6 de agosto de 2009

SENTENCIA





Ahí estaba yo, caminando hacia el estrado para dar mi declaración.
El juez me pregunta cuantas personas mate, por que lo hice y en donde están los cadáveres.

En mis labios una leve sonrisa, una pausa y después, mi respuesta.

--¿cuantos?... es difícil llevar la cuenta, pero digame, ¿el numero importa?
--¿por que lo hice?...por enojo, por que vivían lamentandose, deseaban la muerte, yo solo cumplí sus deseos.
---¿en donde están sus cadáveres?...hmmm, buena pregunta, están en los estómagos de los perros, en el rió que cruza el continente, en algún cenicero o en el alcantarillado de la ciudad.

Un silencio inundo la sala, el jurado ha quedado hecho piedra, en ese instante una pregunta rompe el silencio:
--¿Podría describir su ultimo asesinato?

La satisfacción me inunda al tiempo de confirmarlo y así empiezo mi relato:
--fue un viernes por la noche, era como ninguna, era especial, luna llena, lluvia, viento, todo era perfecto.
Cruzaba las calles de los barrios mas ricos de la ciudad y ante mis ojos apareció, sentado en la acera por la cual me encontraba caminando, me acerque a el y pregunte por que lloraba.
Su silencio apaciguo la noche... y de sus labios, solo un susurro:
--Todo esta mal, solo la muerte seria capaz de solucionar mis problemas.

Esa frase fue la que me invito a llevar a cabo la odisea.
De mi bolso saque el puñal que había comprado esa tarde, era tiempo de estrenarlo y con un movimiento rápido, lo clave en su garganta.


Concluí con una sonrisa de satisfacción, perdí la mirada al tiempo que me olvide del espacio, el tiempo y el lugar.
Estaba metida en mis recuerdos, aun veía la cara de aquel joven, primero suplicando por morir, después suplicando por vivir.

Algo detuvo mis recuerdos, me estremecí, un choque eléctrico, tan intenso como el placer que sentía al matar... Mi sentencia, se había llevado a acabo.


H.A.A.R.